Leer en un cafe

/ septiembre 9, 2020/ Escritura, Todas

Domingo, despertás y no sabés que hacer. Te acordás que tenés un libro que te gusta mucho. Hay un cafe que a pesar de la cuarentena está abierto en el mercado cerca de tu casa. Te acordás porque elegiste vivir en este barrio. Decidís ponerlo en el bolso y salir con una libreta, acordandote de Patti Smith y sus fotos de notas, tazas y mesas de madera. Vas caminando despacio porque abre en unos minutos y no querés llegar temprano. Hay sol en la vereda. Hace un poco de frío pero estás abrigada con un tapado negro. Ves la fila de personas frente a la casa de pastas, ¿Es el 29 día de los ñoquis? No, es el 30. El típico argentino que le gusta salir a la calle en pijama. Está abierto el cafe! Hay dos mozos, uno viene. Prenden la estufa de tu sector. Sacás el libro, te traen el menu y lo mirás aunque ya sabés que vas a tomar. Hoy latte, grande. En una taza hermosa, celeste, brillante, regordeta. Si fuera una persona sería una señora amable, ama de casa, con pelo canoso y ondulado, ojos cálidos. Siempre servicial con su familia y patrones. Viviría en un pueblito del sur de Francia, de campo. Trabajaría en una casa grande con puertas de madera y manijas de hierro negro. Un mayordomo alto, con algo de panza, pelado pero de aspecto impecable. Lo más importante para ellos es el trabajo. Gracias a eso tienen fuego y una cama con colchón y mantas abrigadas de cuadros y lana que los calientan por la noche. Velas para leer sus versos de la Biblia antes de dormir. El ocasional regalo de una estampita de la Virgen Maria y un rosario heredado de la abuela, la anterior ama de llaves de la misma casa.

Todo lo que salió de una taza de café! Tomás un trago, sentís el calorcito que te recorre la garganta y el dulzor que te hace sentir abrazada por alguien que te quiere mucho y acepta tal como sos. Aunque vos todavía no puedas. La espuma, suave, también azucarada, esa parte que no querés dejar en la taza, sobre todo cuando te olvidaste la cucharita o palito de plástico o de madera clara para agarrar lo que queda. A veces inclinás el vaso dejando que la fuerza de gravedad acerque a tus labios esa espuma, pensando en que si alguien te ve te sentís algo ridícula pero no podés resistirte. ¿Que pasa con esas cosas que tenemos que nos hacen únicos pero que nos dan vergüenza? ¿Porque nos miramos con los ojos de los demás? Negandonos disfrutar de los placeres? Por sensación de seguridad? De pertenecer a un mundo que no existe? Todos tenemos esas peculiaridades. Son el tipo de cosas que compartís con tu novio y te reís y te hacen especial. ¿Y si no tenés novio como hacés?

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